"A la izquierda, al fondo del pasillo, bajas por las escaleras hasta abajo y es el número 64". Así que seguí las instrucciones al pie de la letra. Giré a la izquierda y caminé por el pasillo vacío del edificio. Descendí uno por uno los escalones y continué caminando entre puertas. En cuanto vi mi número, me senté en un banco metálico que había en la pared de enfrente. Saqué el móvil de mi bolsillo y comprobé que no había cobertura. Mal lugar para esperar. Guardé el aparato en el bolsillo delantero del pantalón. No me había dado cuenta, pero la luz era muy tenue. Había un par de luces empotradas en el techo que se estaban muriendo. Tenían ese color amarillo manchado, un amarillo oscuro. No había nadie esperando. Ni siquiera para las otras salas. Reposé mejor mi culo y suspiré. La manilla de la puerta era negra, de plástico. Había sentido el manoseo de múltiples personas y había cedido un poco, apuntaba ligeramente hacia abajo. Seguro que no había presupuesto para cambiarla. M...
Me pregunto que pasa. Cuando después de años de leer libros electrónicos, tus dedos vuelven a tocar las tapas blandas de un libro de papel. Seguro que te sientes impulsado a acercar la nariz y oler la mezcla de papel y tinta que sube por tus fosas nasales hasta impregnarse en tu cerebro. Éste no puede procesar la sensación de cuando pasas la mano por la portada. Lisa y firme es todo cuan llegas a discernir, menos por los relieves que conforman el título de la novela: "Astam". Giras la tapa y parece que lo fuerzas, que el libro no quiere ser leído, como si lo violases. Así que das la vuelta unas cuantas hojas más hasta la introducción. Tu dedo índice se desliza por el filo de la hoja, hasta que al apartarlo de un golpe, de la yema cortada surge una gota de sangre. "Esto es una mierda" dices. Te chupas el dedo, pero sale otra gota y cae sobre un espacio en blanco de la hoja. Cierras de un golpe el libro y lo tiras contra una esquina. "¡Bah!, me lo descargo".
foto: http://saludsuperior.blogspot.com/ Antes dormía de medio de lado, con un brazo debajo de la almohada. También hay gente que duerme en posición fetal (acurrucado) o en posición de caída libre (con los brazos y piernas extendidos), pero yo he sido más nostálgico. Últimamente no puedo elegir cómo duermo. Parece que me he tragado un cable, ya que, sin darme ni cuenta, adquiero una posición que adoptaría uno al dormir. Es decir, los brazos y las piernas se me enredan unos a otros. Los brazos se me adhieren al cuerpo pegajosamente contorneándolo. Las manos se colocan debajo del cuerpo o de los brazos. Las piernas, a su vez, serpentean la una a la otra. Los desenredo en medio de la noche y al minuto acabo con mis extremidades perdidas en si mismas otra vez. He estado buscando en varias webs, a qué es debido esta extraña manera de dormir, pero no he encontrado ni la mención de alguna postura parecida. Ya sé que yo soy peculiar, pero seguro que hay alguna explicación a este misterios...
Solucion: la B (si, en serio)
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